Si bien la importancia que debe darse a la educación, el libertador quiso sembrarla, cuando expreso: ”…las naciones marchan hacia el término de su grandeza con el mismo paso que camina la educación.”; en nuestro país solo a mediados del siglo XX se empezó a manifestar una verdadera preocupación por la importancia de rectorizar la educación. Lamentablemente esta inquietud, reflejada en buena dimensión, por el Maestro Luís Beltrán Prieto Figueroa en 1947, no logró que el Estado asumiera con entereza la problemática educativa. Y si bien es cierto que se creo un programa educativo “moderno”, esto no pasó de ser una copia de modelos educativos impartidos en otros países. Luego, al correr del tiempo, el marasmo y la indolencia, solo daba cambios de formas y de estilo y no se hurgaba la esencia del asunto. La educación de esta manera, poco a poco quedo en total indefensión, bajo el manto y la manipulación de la fuerzas de la transculturización. Se aceptó con sumisión, y validez, que el desarrollo y el progreso se “pegan”, estando acompañando por países “progresistas y desarrollados”. De allí que no es de extrañar, que el informe de la UPEL sobre el estado de nuestro país en lo educativo, solo sea reflejo de la marcha de de todo el país en su totalidad: un caos.
En otro orden de ideas, es importante entender que si el Estado desea asumir el rol que implica el Estado Docente y comprende la trascendencia de esto, en todo su contexto. Entonces aceptará, que no se trata solo de educar; es necesario considerar lo que se va a educar y como hacerlo. El artículo 3 de la Constitución indica, que los fines del Estado se logran a través de la educación, pero; hay que comenzar por analizar: ¿Cual es nuestro concepto de educación, de desarrollo, de progreso?. ¿Cuales son los valores que deseamos inculcar a los ciudadanos?
El rol que impone asumir el Estado Docente, es más que una actitud académica; es una expresión de soberanía. Y así, solo bajo estas reflexiones podemos comprender, que en esencia la materialización de este papel protagónico, después debe quedar plasmada en la creación del Curriculum, que servirá de guía para alcanzar los fines que demanda la Constitución.
Ahora bien: ¿Estamos en el camino?
Sin duda. Todas las cambios revolucionarios que ha emprendido el Estado en materia educativa, (Las misiones, el aumento de presupuesto a la Educación , la creación de nuevas instituciones con orientaciones humanistas, etc.) así lo indican; y si bien existen aún muchas fallas y muchos intereses en contrario de parte de sectores retrógrados para frenar la iniciativa; es ahora cuando se están dando los pasos indicados para la concreción de un verdadero Estado Docente. Si no se desmaya en esta tarea y se hacen los ajustes naturales, suscitados por las nuevas experiencias; finalmente estaremos creando a través del Estado Docente, los pilares que sustentarán al nuevo republicano.
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